febrero 07, 2005

Las voces de mi vida (2). George Harrison.

Gh_brn1_lrg Las voces de los Beatles siempre fueron las de John Lennon y Paul McCartney. También en esto George Harrison fue el beatle tapado. Tapado por el talento, la ambición, el marketing. Tapado también por él mismo, y tal vez por la fidelidad a sus propios valores personales.

Pero a mí su voz me encanta, me emociona, me hace soñar. Es una voz ahogada, quizás sin demasiados recursos. Es una voz que se pasó muchos años haciendo coros inaudibles en conciertos inaudibles. Una voz que se fue acomodando a ese segundo plano que las circunstancias propiciaron. Es una segunda voz.

Pero una voz que refulge en sus propias canciones. Especialmente en las intimistas, en las de hondo contenido espiritual, como "My sweat Lord", "While my guitar gently weeps", y tantas otras. En ese momento, lo que le falta de potencia le sobra de capacidad lírica para hablar de amor, o de dramatismo conmovedor para contar experiencias interiores.

He escuchado recientemente a George en esa especie de largo y ameno monólogo que, a modo de autoanálisis, hace de su propia obra en ese DVD que acompaña a sus discos remasterizados y agrupados en una voluminosa caja verde. El gran George relativiza ahí todo: su propia valía como artista, el fabuloso éxito de los Beatles, e incluso su propia manera de tocar la guitarra, algo que, por otra parte, todo el mundo admira. Se distancia de todo eso con ironía y un gran sentido del humor y de la modestia. También parece distanciarse de su propia voz, más potente comparativamente para hablar que para cantar. Más firme para evidenciar su desacuerdo moral e intelectual que para expresar emociones a través de su propia música.

La voz de George Harrison es una metáfora de sí mismo. De un hombre y un músico irrepetible en un contexto en el que el indiscutible brillo de los otros le condenó a una extraña oscuridad en la que, sin embargo, siempre se sintió razonablemente feliz.

enero 19, 2005

Mal rollo

Paul_john_lennon Leo que Yoko Ono le impide a Paul McCartney incluir "Yesterday" en un album recopilatorio de canciones de amor. Todo el mundo sabe que esta canción la escribió Paul, sin ayuda de Lennon, pero Yoko pretende continuar el mal rollo en que los Beatles vivieron durante sus últimos meses de existencia. Mal rollo producido, entre otros factores, por la presencia de ella misma hasta en la sopa. Yo creo que esta señora debería empezar a comprender que las canciones de los Beatles, incluidas las de su querido John, no le pertenecen moralmente, por mucha razón jurídica que le asista. Que esas canciones son más mías que suyas. Es decir, más de todos. Como las sinfonías de Mozart, El Quijote de Cervantes o Las Meninas de Velázquez, que, desde hace décadas dejaron de pertenecer a sus autores y a sus respectivos descendientes y forman ya parte de la historia cultural de la humanidad.

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LIBROS

  • Fréderic Beigbeder: Windows on the World
    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
  • Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco

    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

Discos

Libros de teatro

  • Janet Malcolm: LEYENDO A CHEJOV
    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

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